domingo, 28 de septiembre de 2014

¿AMENAZA, QUIÉN...?

MADRE HERIDA
Autor: Omar Aguana
aguanaomar@gmail.com



…Érase una vez la hermosa niña.
Cabellos de oro.
Cabellos de miel. Cabellos hirsutos.
Cabellos de azul.
Cabellos de mármol.
…Cabellos de esponjas.

Piel a piel rica texturas y tonos.
Sonrisa de perlas.
Ojos de jade.
Y zafiros.
Y esmeraldas.
De invierno
Y de petróleo.
También crepúsculos.
¡OH, prodigio!

La maravilla de sus ajuares…
Gala de valles, de praderas, montes y vertientes.
Los pies de nácar lavados de aguas fragantes.
Exuberante de fauna y flora sus cofrecillos.
Ágil, grácil, danzando su bonanza.
…Érase la hermosa niña.

AH, cuándo sabrás de aquel ayer, épico.
Sangre silvestre.
De aquel ayer de ultrajes.
Ecos dolientes.
Plantas voraces.
Etnias valientes.
Tiempos y tiempos…

 Cuándo darás cuenta
De gestas
De próceres.
sangrantes por tu precio.
De pregones solapados
De santos burdos y patronos
De conjuros alienantes.

Hermosa niña.
Sabrás razones hasta emular a Lázaro.
Hasta cerrar filas y adelantar un paso,
Hasta ofrendar tu canto, izado al estandarte.
Euforia de trinos, de silbas; de bengalas aleluyas.
De exhausto aliento hasta la gran fiesta del adiós a las miserias…
Hasta tú más blanco violeta.


Pasó el tiempo púber hasta la edad de las luciérnagas.
Cuando los temples sucumben a su libido.
Luego los amores.
El penar de madre.
Las espigas…
Por doquier los hijos del sueño patrio.

Ay, aquella espera de cardos y de espinos.
Entre depredadores.
Sol inclemente.
Tarde tras tarde sin avistar las aguas;
Mano de canto en lontananza hacia las sementeras.
Rígido mirar.
Mohines ausentes.
Viuda todavía de los hijos sin suplir.
Sonreída de brazos, milenaria y dulce a la esperanza.
Ha, mujer…

Advendrá por cierto el hijo que dolió tu vientre absuelto.
Los que rompían tus fuentes mientras salmeabas, bien amada.
Los que andan por allí forjando temple.
Los añejos del camino.
Los que desperezan y se aprestan.
Allá, entre surcos floridos de brotes.
Patria sangrada.
Entre las urbes sórdidas.
Egos convictos.
Noche celeste.

Vestida del viento silbas tus voces, huracanada a veces.
Sísmica y silente hasta conmocionar cada madriguera apátrida.
Cada cepa letal del muégano enquistado.
Y cada sangre hermana que se vende a nada…
Y hasta aquel guerrero que emborrachó del sueño apóstata.

Investida de madre inquieren tus ojos.
Los nuestros cegados te oyen a penas.
…Quién es la hermosa niña de pies de nácar.
― Soy la Madre herida que hablan los versos.
…Soy Venezuela.