MADRE HERIDA
Autor: Omar Aguana
aguanaomar@gmail.com
…Érase una
vez la hermosa niña.
Cabellos de
oro.
Cabellos de
miel. Cabellos hirsutos.
Cabellos de
azul.
Cabellos de
mármol.
…Cabellos de
esponjas.
Piel a piel
rica texturas y tonos.
Sonrisa de
perlas.
Ojos de jade.
Y zafiros.
Y esmeraldas.
De invierno
Y de
petróleo.
También
crepúsculos.
¡OH,
prodigio!
La maravilla
de sus ajuares…
Gala de
valles, de praderas, montes y vertientes.
Los pies de
nácar lavados de aguas fragantes.
Exuberante de
fauna y flora sus cofrecillos.
Ágil, grácil,
danzando su bonanza.
…Érase la
hermosa niña.
AH, cuándo
sabrás de aquel ayer, épico.
Sangre
silvestre.
De aquel ayer
de ultrajes.
Ecos
dolientes.
Plantas
voraces.
Etnias
valientes.
Tiempos y
tiempos…
Cuándo darás
cuenta
De gestas
De
próceres.
sangrantes por tu precio.
De pregones
solapados
De santos
burdos y patronos
De conjuros
alienantes.
Hermosa niña.
Sabrás
razones hasta emular a Lázaro.
Hasta cerrar
filas y adelantar un paso,
Hasta
ofrendar tu canto, izado al estandarte.
Euforia de
trinos, de silbas; de bengalas aleluyas.
De exhausto
aliento hasta la gran fiesta del adiós a las miserias…
Hasta tú más
blanco violeta.
Pasó el
tiempo púber hasta la edad de las luciérnagas.
Cuando los
temples sucumben a su libido.
Luego los
amores.
El penar de
madre.
Las espigas…
Por doquier
los hijos del sueño patrio.
Ay, aquella
espera de cardos y de espinos.
Entre
depredadores.
Sol
inclemente.
Tarde tras
tarde sin avistar las aguas;
Mano de canto
en lontananza hacia las sementeras.
Rígido mirar.
Mohines
ausentes.
Viuda todavía
de los hijos sin suplir.
Sonreída de
brazos, milenaria y dulce a la esperanza.
Ha, mujer…
Advendrá por
cierto el hijo que dolió tu vientre absuelto.
Los que
rompían tus fuentes mientras salmeabas, bien amada.
Los que andan
por allí forjando temple.
Los añejos
del camino.
Los que
desperezan y se aprestan.
Allá, entre
surcos floridos de brotes.
Patria
sangrada.
Entre las
urbes sórdidas.
Egos convictos.
Noche
celeste.
Vestida del
viento silbas tus voces, huracanada a veces.
Sísmica y
silente hasta conmocionar cada madriguera apátrida.
Cada cepa
letal del muégano enquistado.
Y cada sangre
hermana que se vende a nada…
Y hasta aquel
guerrero que emborrachó del sueño apóstata.
Investida de
madre inquieren tus ojos.
Los nuestros
cegados te oyen a penas.
…Quién es la
hermosa niña de pies de nácar.
― Soy la Madre herida que hablan los
versos.
…Soy
Venezuela.

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